Yo un día paseé por las calles de Belfast. Siempre que he escuchado hablar sobre Belfast se me venía a la cabeza, irremediablemente, la palabra atentado. No lo digo gratuitamente, me justifican casi 30 años de conflicto armado. Procuraré no opinar sobre el tema ya que desconozco casi por completo las pretensiones de unos y otros.
Esta es una ciudad que se está rehaciendo a sí misma. A poco que te alejas de los alrededores del ayuntamiento te sumes en unas calles de “color” gris, faltas de todo interés, plagadas de solares en construcción y algún que otro edificio deshabitado.
Empezamos nuestro paseo yendo hacia la Queen’s University de Belfast. Visitar esta universidad hubiese quedado para mí en mera anécdota de no ser porque puede quedar ligada a mi trayectoria profesional por unos cuantos años, pero bueno, eso es otra historia.
A dos minutos andando desde la universidad se encuentra el centenario Jardín botánico de Belfast. Aunque tan solo sea desde fuera, merece la pena acercarse hasta The Palm house. Se trata de uno de los primeros invernaderos con forma curvilínea del mundo. Una pena que lo encontrásemos cerrado.
¿Has oído hablar alguna vez de los murales de Belfast? Se encuentran, prácticamente, todos concentrados en dos principales calles y relativamente cercanas, Shankill road y Falls road. Hecho que se agradece si no quieres estar andando de un lugar a otro. Eso sí, están algo alejadas del centro por lo que recomiendo guardarse al menos 2 horas para verlos. Tengo que decir que sentí cierta desazón al encontrarme con tal error tipográfico, NOT SPAIN.
Ya que se anda por la zona, merece la pena visitar la Catedral de San Pedro, ciertamente austera para ser una Catedral, y el Jardín de la memoria, erigido en memoria de los que murieron, por el bando republicano, durante el conflicto armado de Irlanda del Norte.
Si rascamos un poco y apartamos las muchas tiendas de tatuajes que hay por el centro de la cuidad, encontramos algunos puntos de interés como el Albert Memorial clock tower, la Catedral de Santa Ana, Waterfront Hall o el Ayuntamiento. No mucho más. Como ya dije, calles carentes de atractivo. Bueno… para los amantes de las tiendas y las compras, siempre les quedará el Victoria Square, un centro comercial con tropecientas tiendas de todo tipo.

Un poco de culturilla general; El Titanic fué armado en los astilleros de Belfast, concretamente en los de Queen’s Island. Entonces, ¿por qué no ir al lugar exacto donde comenzó este capítulo de la historia? Pues porque no hay nada más que una placa que dice que allí empezó todo.
Si aquí comenzó una historia real, en otra parte de Belfast se inspiró Jonathan Swift para dar a luz otra historia, pero esta vez literaria, Los viajes de Gulliver. Para Jonathan, las colinas que flanquean la ciudad de Belfast tenían la forma de un gigante dormido protegiendo la ciudad. A parte de por esto, quisimos dedicar un día para hacer un hiking trip por las Cave Hill y disfrutar de las vistas que se tienen desde el Castillo de Belfast.
El castillo se construyó en el año 1870 a unos 120 metros sobre el nivel del mar, y hoy en día se emplea como restaurante (Osea… fetén, fetén) y como un pequeñísimo museo. Para todo el que suba hasta allí, hay una leyenda que dice que los visitantes al castillo tendrán buena suerte siempre y cuando un gato se encuentre por sus jardines, por lo que se dice que allí siempre ha estado viviendo un gato; y para más señas, blanco.
(Chris, Ekaterina, Séverine, Stefan y Fran)
Y como se ve en la foto, nosotros llegamos a los 200 metros de altitud……… Hasta las rodillas de Gulliver.