¡Se acabó! ¡No lo aguanto más! Ya estoy harto de que me den gato por liebre. Declaro oficialmente la guerra a los profesionales encargados del doblaje. Desde hoy, aprovecharé cualquier oportunidad para convencer al mundo de que solo vean películas (y series) en versión original.
Hace poco escuchaba en televisión que España es uno de los países en los que mejor se doblan películas del mundo. ¿Alguien se alegra por ello? Yo NO. Es más, opino que el doblaje ha hecho más daño a la sociedad que una panda de banqueros corruptos. Y encima por partida doble.
Primero, me siento engañado cada vez que compro una entrada de cine. Sé que me van a dar un producto defectuoso. Una película con una calidad mermada por unas voces que no corresponden a sus protagonistas. Unas voces tan monótonas que convierten a los actores en todo menos en estrellas de Hollywood. Nos dan el trabajo de un actor mutilado a la altura de las cuerdas vocales. Por ejemplo, habremos visto al actor Morgan Freeman en casi un centenar de películas, pero casi ninguno de nosotros sería capaz de reconocer su característica voz. Todos tomaríamos más en serio como actor a John Travolta si escuchásemos su trabajado acento sureño en ‘A love song for Bobby Long’ (Una canción del pasado). Y hablando de acentos trabajados, el de Heath Ledger en ‘Brokeback Mountain’. ¿Cuántos conocen el acento londinense tan cerrado que tienen Keira Knightley y Jude Law?. O, incluso, sabríamos que la pronunciación tan peculiar de Penélope Cruz en ‘Pirates of the Caribbean: On stranger tides’ (2011) no ha cambiado un ápice desde ‘Vanilla sky’ (2001).
Por otra parte, gastamos cada año miles de euros en clases particulares de inglés, cursos de idiomas en Irlanda, cuadernillos que llegan semanalmente al kiosco de la esquina… Y ¿para qué? ¿Para mentir sistemáticamente en el curriculum diciendo que se tiene un nivel intermedio en inglés? (¿No tenemos todos un nivel intermedio?). Hablamos lo justo, y si se dirigen a nosotros con un acento más cerrado de la cuenta, no nos enteramos de la misa la mitad. A mi parecer, podríamos tener un verdadero nivel intermedio de inglés si no dejásemos pasar la oportunidad de ver (y escuchar) las películas en su versión original; y podríamos dedicarle más tiempo a estudiar un tercer idioma.
Hagámonos un favor a nosotros mismos y demos la espalda a todo lo que incluya el trabajo de un doblador. Saquémosle partido a una de las pocas cosas buenas que ofrece la televisión TDT y configuremos el idioma a versión original. Preguntemos en la taquilla de cualquier cine si proyectan la película que vayamos a ver en su versión original, a sabiendas de que la respuesta es no. Alguno será el primero que ofrezca películas con su entera calidad…



Así me gusta Fran, reivindicando el cine en versión original, que es como tiene que ser.